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Todo comienza con el sueño de alguien - Larry Niven

domingo, 10 de junio de 2012

Un día duro al final esconde una sorpresa.

La habitación estaba oscura. Tan solo una tenue luz procedente de la lámpara situada en su mesilla de noche emergía sobre la pared formando una semiesfera anaranjada.
Con el ordenador portátil entre sus piernas, sentada en su cama y una música de fondo, Marina intentaba olvidar.
No quería estar en el mundo, por un momento quiso vivir dentro de uno de los libros que tanto le gustaban.
Cerró los ojos y solo pudo ver dolor, dolor y más dolor. Por un lado estaba David que se había ido despidiéndose por un mísero e-mail, por otro, Andrea que se estaba muriendo y ella no podía hacer nada.
Cogió la almohada y la apretó fuerte contra su pecho intentando que el fuego que sentía en su interior desapareciese, pero no hubo suerte. La apretó aún más pero lo único que consiguió fue notar sus delgados brazos abrazándose ya al pecho.
La tiró lejos y cerró los ojos. No quería saber nada del mundo por unos minutos, tan solo quería descansar.
Por un momento no quería sentir lágrimas cayendo por sus mejillas, ni nudos en el estómago y menos aún rabia. No quería sentir nada. Deseaba poder ser neutra en ese momento.
Pero como siempre, eso era imposible.
Un sonido estalló en la puerta. Abrió los ojos y pudo encontrase con la figura de su madre apoyada en el umbral de la puerta.
Su pelo rojizo caía sobre sus hombros y sus ojos azules la miraban con atención.
Marina la observó de arriba abajo. Estaba segura de que acababa de llegar de trabajar, todavía llevaba puesta la falda negra de empresaria con la camisa totalmente blanca remetida por dentro. Los tacones negros la hacían más alta de lo que en realidad era.
Sonrió y se acercó hasta ella.
-¿Acabas de llegar?-Preguntó Marina sin más.
Su madre asintió y se sentó en la cama. Marina le dejó un hueco deslizando los pies.
-Trabajar en la radio es duro aunque no lo parezca.
-Ya me he dado cuenta, llevo sin verte desde ayer al mediodía.-Dijo en tono despectivo.
-Cariño, lo siento, menos mal que la semana que viene me dan ya las vacaciones.-Esther suspiró aliviada echándose hacia atrás.
Marina la contempló, su madre era muy atractiva y además joven y nuca se había parado a pensar en ello.
Sus ojos eran almendrados y grandes y un color rosado coloreaba la parte baja de ellos, signo de una mujer trabajadora en toda regla.  Sus labios, carnosos y rojizos eran sensuales, tenía un buen cuerpo, delgada y piel clara. Se enorgulleció de ella.
-¿Qué miras tanto?-Advirtió.
-No, es solo que me he dado cuenta que tienes un tatuaje en el tobillo derecho.
Su madre se incorporó y lo miró con detenimiento.
-Si, fue una de mis locuras adolescentes. Es una frase de una de mis canciones favoritas. I need love.-Pronunció en su perfecto inglés hablado de periodista.
-¿Los Beatles? ¿Te gustan los Beatles? Vaya, creo que no se nada de ti.
Esther sonrió enseñándole su perfecta fila de dientes blancos.
-Me voy a la cama que es tarde.-Miró su reloj.-Son...las 1 de la mañana.-Sonó entusiasmada al decir la hora.-Necesito descansar y ponerme algo fresquito que me aso con esto.-Tocó su falda de empresaria que le llegaba un poco más arriba de las rodillas.-Creo que tu deberías hacer lo mismo.
-Si, tienes razón, mañana iré al hospital y me gustaría ir temprano.
-¡Es verdad! El hospital, se me olvidaba.-Esther hizo una mueca con la nariz,se le había olvidado por completo que su hija hacia de voluntaria allí.-¿Te apetece hablar de ello ahora?
Marina negó con la cabeza. En parte entendía que se le hubiese olvidado, su madre tenía demasiada cosas en la cabeza como por ejemplo dirigir un programa de radio todo los días.
-Mejor-hizo un chasquido con los dedos-porque no sabes el sueño que tengo, no es por nada pero me hubiese quedado dormida.
-Bueno, aquí hay espacio suficiente para las dos.-Marina señaló la cama de matrimonio donde estaba acostada.
-Buenas noches cielo, te quiero.
Se despidió y cerró la puerta lentamente. La habitación se quedó completamente en silencio hasta que un tono musical lo rompió.
Era un número que no conocía pero aún así lo cogió.
-¿Diga?
-¿Marina?-Preguntó una voz conocida al otro lado de su móvil.
Marina lo apartó de su oreja y volvió a mirar el número,no le sonaba.
-¿Quién eres?
-Soy yo, Marcos. Supongo que no conocerás mi número y de ahí a que no me reconocieses. Solo quería saber como estabas después de...bueno,ya sabes el qué.-Por teléfono su voz sonaba distinta pero seguía siendo dulce y placentera.
-Estoy bien, gracias por preguntar. ¿Cómo sabes mi número?
-Oh, se lo pedí a Cris, espero que no te importe.
-No, no,no tranquilo, es solo que no recordaba habértelo dado. Ahora mismo lo guardo en la agenda.
-Mañana no tenemos que ir, ¿verdad?
-No mañana les toca a otros. Pero yo aún así iré.
-Mmm...-Sonó interesado.-Quizá, si te apetece y quieres-recalcó la palabra quieres-puedo acompañarte. Me gustaría conocer a la chica esa, Andrea ¿no?
El nudo que había albergado durante toda la conversación en el estómago desapareció y dio paso a un sentimiento extraño que solo recordaba haberlo tenido las primeras veces que había hablado con David.
-Claro, me parece una idea fantástica, ya verás lo bien que te cae.-Se lo pensó dos veces antes de decirlo, sabía que era mentira, que Andrea lo miraría y pasaría de él, pero no quería que se echase atrás. Quería estar con él.
-Genial, pues como el horario de visitas es de diez y media a una y media si te parece podemos quedar-hizo una pausa, al otro lado del teléfono Marina creyó que estaba haciendo cuentas-a las nueve y media, si te parece bien; claro, y desayunar en alguna cafetería. Yo invito.
-Me da vergüenza...
-No seas tonta.-Le interrumpió.-Mañana a las 9 y media en...cruz roja, ¿te pilla lejos? Si quieres voy a recogerte a tu casa...bueno lo que tu quieras.
Marina rió.
-No ,tranquilo, en cruz roja me viene bastante bien, vivo casi al lado.
-Pues no se hable más que ya es tarde, mañana a las 9 y media. Buenas noches, que duermas bien.
-Igualmente.
Un sonido sonó al otro lado. Marcos ya había cortado.
Marina se sintió avergonzada pero sonrió. ¿Aquello era una cita?
Negó con la cabeza, no era ninguna cita, iban a visitar a Andrea que era la importante.
Pero no podía dejar de pensar en esos ojos azules con toques verdes que la volvían loca.
 Quiso recostarse sobre la almohada pero cayó en la cuenta de que la había lanzado al aire en uno de sus ataques de ira minutos atrás. Así que en su lugar cogió uno de los cojines blandos que había sobre su cama. Se recostó y cerró los ojos.
La imagen de Marcos no se le iba de la cabeza.





2 comentarios:

  1. Marcos me da mala espina¬¬
    Bueno,voy a por el siguiente^^
    Besitos de miel^^
    Alicia

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    Respuestas
    1. oiiish pobre muchacho, ¿ qué te ha hecho?

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